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Noticias de Italia: La bomba de relojería para la UE se llama Salvini y ni mucho menos ha desaparecido

Muchos creen que Salvini perdió la partida cuando fue expulsado del Gobierno italiano. No es así. Su futuro regreso levanta preocupación en Bruselas, que ve a Italia como una bomba de relojería

Italia tiene todos los ingredientes para convertirse en un dolor de cabeza difícil de tratar para la Unión Europea. Una economía enclenque, una brecha social brutal entre norte y sur, desafección hacia la UE y el euro, radicalización del electorado medio y un sistema bancario absolutamente contaminado. Y en medio de este polvorín, un tipo dispuesto a echar la cerilla: Matteo Salvini.

Este verano, tras un largo culebrón político repleto de torpes decisiones, Salvini tuvo que abandonar el Gobierno después de perder su apuesta por forzar unas elecciones anticipadas. Muchos fuera de Italia creyeron entonces que el exministro del Interior más polémico de la UE acababa de empezar a cavar su tumba política. Nada más lejos de la realidad.

Irene Savio. Roma

Este domingo se celebran en Emilia-Romaña unas elecciones regionales que resultan claves para el futuro del país y del actual Gobierno, conformado por los ‘anti-establishment’ del Movimento 5 Stelle (M5S), cuyo líder acaba de dimitir como si estuviera preparándose para lo peor, y los socialdemócratas del Partito Democratico. La región, cuya capital es Bolonia, es el bastión histórico de la izquierda. Pero ahora peligra y Salvini puede dar un golpe encima de la mesa que podría acelerar la caída del Ejecutivo, unas elecciones anticipadas y la llegada del político de extrema derecha al Palazzo Chigi, el centro de poder en Italia.

Una bomba de relojería social

Salvini se pasea por las calles una zona del extrarradio de Bolonia y, mientras le graban, decide llamar al interfono de la casa de un inmigrante tunecino para preguntarle si trafica con droga. Ha sido el último capítulo de las bravuconadas televisivas, polémicas mediáticas y campañas políticas del líder de Lega. Pero seguro que no será el último.

Bruselas, una ciudad acostumbrada a los documentos, números, porcentajes y papeleo diplomático, no prestaba demasiada atención a este tipo de salidas de tono hasta hace poco. El Brexit cambió la mentalidad de parte del personal. Ahora la capital comunitaria sabe que este tipo de actitudes, sostenidas en el tiempo, junto a un determinado ambiente mediático y social, puede tener resultados muy reales.

Esa manera de crispar socialmente el país es lo que se hizo, de forma continua, en el Reino Unido, añadiéndole ingredientes sociológicos únicos de la isla. Pero Italia no se queda atrás: muchos ciudadanos están resentidos contra una Unión Europea a la que culpan del estancamiento económico del país, el discurso anti-inmigración ha calado mucho más de lo que se cree en el resto de Europa y el país vive por un estado de ansiedad derivado de una crisis de identidad que hunde raíces en lo más profundo de la sociedad italiana.

Irene Savio. Roma

Salvini ha demostrado no tener escrúpulos a la hora de usar cualquier cosa como elemento de la campaña electoral continua en la que vive, como por ejemplo cuando acusó a la austeridad impuesta por Bruselas como culpable del derrumbamiento de un puente en mal estado en Génova. Aunque ahora ha rebajado un poco el tono de su discurso euroescéptico. Pero es que no tiene que impulsarlo: el resto de ingredientes que hay sobre la mesa y que él usa sin ningún pudor ni problema llevan irremediablemente a que el ciudadano medio tienda a ser eurocrítico. Salvini ya tiene la mitad del camino hecho.

Esa forma de actuar del líder de Lega no se limita a la campaña electoral y tampoco al nivel nacional. Nadie confía en el que podría ser futuro primer ministro de Italia a un nivel institucional en la Unión Europea. En su tiempo como titular de la cartera del Interior, un año en el que a penas se pasó por el ministerio por estar continuamente de campaña, Salvini acudió solo a una reunión de ministros de Interior de las siete que se celebraron durante su mandato.

Desconfianza institucional

Precisamente en aquel encuentro en el que se discutía la cuestión migratoria, el italiano sacó de quicio al ministro luxemburgués, quien acabó explotando contra Salvini y le espetó una frase que se hizo famosa en Bruselas: “Merde, alors!” (mierda entonces). Lejos de mantener el asunto como un incidente privado, el político transalpino decidió subir todo a su Facebook, como lo que hace siempre en campaña.

Las instituciones también le temen porque no creen que vaya a respetar el principio de cooperación leal, al menos no cuanto no le interese el tema. Salvini ha demostrado ser un animal político, dispuesto a devorar cualquier cosa con tal de seguir avanzando en las encuestas y en su control del poder.

Preocupa la gestión migratoria a nivel institucional. Con el actual Gobierno italiano se ha generado un mecanismo imperfecto pero que va sacando las castañas del fuego y que funciona con un reparto entre una serie de países europeos de una buena parte de los migrantes que desembarcan en puertos italianos. No es una operación sencilla y conlleva estar en continuo estado de negociación. Eso se complica si tienes al líder de otro partido haciendo vídeos en directo por Facebook increpando al resto de países europeos y provocando situaciones que le han llevado ante la justicia.

Efe

Hace poco hubo una escena que a muchos generó nerviosismo. Hungría estaba siendo sometida al procedimiento del artículo 7 del Tratado de Funcionamiento de la UE por sus ataques al Estado de derecho. Saltándose todas las normas, el portavoz del primer ministro Viktor Orbán retransmitió, con insultos incluidos a los interlocutores, todos los intercambios que se habían producido en la sala. Recordó a aquel choque del “Merde, alors!” e hizo temer que esta vaya a ser una nueva costumbre: diplomáticos, técnicos y políticos dispuestos a romper todas las normas de comportamiento europeas que han permitido que los engranajes de las instituciones funcionen más o menos bien.

Bomba económica

Uno de los principales problemas económicos de Europa tiene nombre y apellido: República Italiana. Hay muchas razones que le colocan en lo alto de la lista: su deuda pública rozando el 135%, la anemia en la que vive inmersa su economía, la brutal brecha socioeconómica entre el norte y el sur del país, un sistema bancario hecho trizas y un país que vincula su falta de crecimiento con la entrada en el euro.

Eso ha ido impulsando un discurso anti-euro del que Salvini es el máximo representante. Aunque ahora el líder de Lega asegura que no quiere sacar a Italia de la Eurozona lo cierto es que nadie cree en la palabra de un candidato que intenta tranquilizar a parte de los votantes más moderados de Forza Italia de Silvio Berlusconi.

Además, los gurús económicos de Salvini, como por ejemplo Claudio Borghi o el que intentó colocar como ministro de Finanzas, el polémico anti-euro Paolo Savona, han defendido siempre que la salida del euro debe tener una base fundamental: nadie debe pensar que están intentando salir del euro. Borghi, junto a otro de los economistas de cabecera de Lega, Alberto Bagnai, ya movieron fichas que hicieron saltar todas las alarmas el pasado verano, con Salvini todavía en el Gobierno, cuando lograron que el Parlamento italiano votara a favor de los ‘mini-BOTs’, un mecanismo que permitiría, en última instancia, salir de la Eurozona.

EFE

Entonces el líder de Lega todavía tenía contrapesos. Giovanni Tria, ministro de Finanzas, y Giuseppe Conte, primer ministro, eran dos de esos hombres encargados de frenar al ministro del Interior. En el acuerdo de Gobierno entre Lega y M5S esos dos puestos acabaron quedando reservados para “independientes”, personas que no fueran ni de uno ni de otro partido. Tria acabó saliendo a la palestra tras el revuelo creado por los ‘mini-BOTs’ para explicar que eran “ilegales” y que no se pondrían en marcha. Pero con un Gobierno en solitario de Salvini esos contrapesos desaparecen.

Otro ejemplo de cómo se le puede complicar la vida a Bruselas es la negociación de unos presupuestos. Prácticamente de forma continua desde que Salvini llegara al Gobierno en junio de 2018, Roma mantuvo un pulso con la Comisión Europea por sus cuentas. Bruselas tuvo que iniciar en varias ocasiones procedimientos de infracción por la inacción de Italia.

Giuseppe Conte y Giovanni Tria. (Reuters)
Giuseppe Conte y Giovanni Tria. (Reuters)

Y entonces el acuerdo fue posible, entre otras cosas, porque Conte y Tria estabilizaban la situación. Eran ellos los que volaban a Bruselas a intentar evitar el choque completo de trenes. La colaboración con Tria era buena, un tipo en quien confiar y que, al fin y al cabo, frenaba las pretensiones y aventuras peligrosas del Ejecutivo italiano. Un Gobierno en el que Salvini sea primer ministro no sería así. O al menos eso temen en la capital comunitaria.

No solo en Bruselas están preocupados. Otros países del sur de Europa ven su llegada como un problema económico de primera magnitud. No solo por lo que pueda desestabilizar Italia, sino porque la actitud de Salvini, sus comportamientos y decisiones, proyectan justo la imagen que los países nórdicos y fiscalmente ortodoxos tienen de los países del sur, el elemento que bloquea de manera fundamental los progresos en la reforma de la Eurozona.

Todo está sujeto a la hipótesis: nadie sabe exactamente cómo sería un Gobierno de Salvini si llega al poder, aunque se hacen una idea bastante completa. Sobre lo que sí que no existe demasiada duda en la capital comunitaria es que es solo cuestión de tiempo que acabe ocupando el puesto de primer ministro. Pero Italia es Italia y hasta el último momento puede dar un giro de guión que pille a todo el mundo desprevenido. A eso se aferran en Bruselas.

 

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