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La tierra, el retorno y la libertad

Los israelíes no pueden creer lo que ven sus ojos, según ellos la “Marcha del Retorno” en Gaza solo puede ser un acto terrorista organizado. Es decir, no se pueden creer que los palestinos todavía sueñen con volver y que estén dispuestos a morir por ello, a pesar de que hayan pasado 70 años de la Nakba.

Aquí reside el gran malentendido. Los palestinos tienen que creerse una memoria judía legendaria que concedió Palestina a los judíos hace mil años en forma de “promesa divina” y tienen que negar lo que ven sus ojos en su tierra, a saber, sus pueblos saqueados y destruidos, su vida convertida por la ocupación israelí en escombros y un bloqueo que los ahoga.

Tenemos que creernos el mito y negar el presente. Esta es la esencia del juego israelí, que ya solo se basa en el argumento religioso mítico, el cual encaja hoy en día con un ambiente fascista global, alimentado por el “trumpismo” de Estados Unidos y la islamofobia como nueva forma de antisemitismo, así como con el capricho de ocupar la tierra y humillar a sus dueños que domina el escenario político israelí, reformado por la derecha nacional religiosa. Israel ha perdido la capacidad de ver y de escuchar como resultado del excesivo poder militar y político, mostrando así su naturaleza profunda, descubriéndose a sí misma, sin duda, como un estado de apartheid.

Los israelíes creen que han descansado de un mundo árabe ocupado con guerras de reyes sectarios, con la locura de los tiranos y la tumoración de la riqueza petrolera, están en lo cierto. Pero pronto se desvelará que ese descanso relativo solo es una ilusión. Israel, él mismo, se ha librado de un régimen árabe que fue su primer socio a la hora de oprimir a los palestinos. Hoy, su apuesta por el papel de los regímenes árabes en “el acuerdo del siglo” y la imposición a los palestinos del mismo es una mera ilusión. Los regímenes árabes no son lo suficientemente valientes como para asumir la posibilidad de que se divulgue que están de acuerdo con renunciar a Jerusalén y temen más lo que Israel ofrece a Jordania y Egipto, la unión de ciudades de Cisjordania a Jordania por un lado y la vuelta de la administración egipcia a Gaza por otro.

El colapso de la Autoridad Palestina y la división entre palestinos hacer creer a los israelíes que pueden imponer lo que quieran a los palestinos y esto es un craso error. No hay líderes palestinos capaces de legitimar el régimen de apartheid propuesto y la presión que ejerce Israel y Estados Unidos a la Autoridad Palestina no va a dar resultado más que contribuir al proceso de desintegración.

En la actualidad, Israel ha transformado a los palestinos en el problema interno israelí y ha hecho de su ocupación continua su gran punto débil. Es decir, lo que parece su punto fuerte se ha convertido en su punto débil. Israel ya no puede hacerse más la víctima. El Holocausto, a pesar de su brutalidad, forma parte del pasado y no justifica nada, sino que este mismo pasado se ha convertido en instrumento para condenar a Israel, es decir, ¿cómo los hijos y nietos de víctimas del racismo bestial, practicado contra los judíos en la Europa nazi, han convertido al pueblo palestino en una víctima perpetua y practican el terrorismo de estado organizado contra los palestinos, destrozando sus casas, confiscando sus tierras, arrasando sus pueblos y cubriéndolos de bosques?

Al principio, cuando se estableció el estado hebreo, el sionismo tuvo éxito al acallar a las víctimas, quienes habían sido despojadas de sus nombres y de su derecho a existir, pero hoy, somos testigos de un cambio radical. El verdugo ya no puede hablar, porque ha perdido la capacidad de justificarse y ya no le queda otra solución más que adoptar un discurso racista, fascista y vacío de todo significado humano.

De lo que no se dan cuenta los israelíes es de que la Nakba no solo no se olvida, sino que está presente cada día. Todo lo que han hecho los israelíes desde el final de la guerra arabo-israelí de 1948 es empeñarse en que continúe esta catástrofe, convirtiendo el presente palestino en una espiral de desastres diarios. Antes de la guerra de 1967, Israel no dejaba de saquear las tierras de los palestinos que se habían quedado, obligándoles a vivir en guetos cerrados como presentes-ausentes. Pero tras la guerra de 1967 toda Palestina se convirtió en un campo para la brutal colonización, levantó el muro racista para apropiarse tierras, cercar a la gente y convirtió Jerusalén y Hebrón en dos ejemplos evidentes de la discriminación racial mezclado con una estúpida fiebre religiosa.

Que los palestinos estén solos es triste y hace sentir a los árabes una vergüenza difícil de borrar, pero esta es la realidad que ya no se puede ignorar más y la que nos pone, cara a cara, ante un nuevo camino político muy difícil y complejo.

Después de que la ilusión de paz se viniese abajo, que los acuerdos arabo-israelíes declarados e implícitos revelasen que en realidad era paz a cambio de paz, es decir, a cambio de nada, las palestinas y los palestinos se encuentran solos a la hora de enfrentarse a una ocupación constante que les niega los derechos más básicos y solo les queda defender su supervivencia y su existencia.

Sin embargo, la nueva realidad que se dibuja en el horizonte es que, por primera vez, vemos un verdugo triunfador, pero mudo e incapaz de hablar. Por lo general el verdugo calla cuando está al borde del fracaso, pero cuando lo hace el verdugo vencedor eso significa que se está labrando su derrota.

Esta situación nos hace testigos del nacimiento de un nuevo discurso de resistencia palestina y nos empuja a colaborar en la cristalización del mismo, elaborado por la práctica, que dibuja los rasgos de la defensa por la supervivencia y acoge dos causas, el derecho y la libertad, considerándolas una expresión de la pertenencia a la idea de justicia.

La “Gran Marcha por el Retorno” ha sido uno de los indicadores de que la nueva conciencia palestina ha empezado a fijar sus características. El derecho al retorno a la tierra solo es tan importante como el derecho del pueblo a la libertad y ambos son derechos inseparables.

En medio de la ola de tristeza y desesperación en nuestro mundo árabe, aparece este gran dolor palestino para mostrar el camino. La resistencia es la defensa de la libertad de la gente y Palestina es hoy uno de los nombres de la libertad en el mundo.

 

Sorgente: TLAXCALA: La tierra, el retorno y la libertad

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