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Carta abierta de un cura a la ministra Cospedal sobre banderas a media asta

No te puedes imaginar la indignación que me produce cuando veo a los legionarios con la imagen del Cristo yacente

¿Por qué tanta manipulación de la fe en el Dios de Jesús? ¿Por qué tanta hipocresía, tanta maldad y crueldad disfrazada? Has decretado de nuevo que el Viernes Santo las banderas ondeen a media asta en los cuarteles por la muerte de Cristo ¿A quién pretendes engañar, comprar o vender? ¿O pretendes autoengañarte?

Entiendo perfectamente que esta decisión le siente mal a algunas personas amparándose en que el Estado es aconfesional, y llevan razón, pero yo quiero hacer un planteamiento desde la propia vida de Jesús de Nazaret que, como bien sabrás, se recoge en los Evangelios. Y no lo digo con ironía, sino como algo obvio que con el paso de los siglos ha quedado sepultado por los poderosos de este mundo, esos poderosos que condenaron a Jesús a muerte, como a tantos otros que han luchado por un mundo más humano. No te olvides que los ejecutores fueron los militares romanos.

No te puedes imaginar la indignación que me produce cuando veo a los legionarios con la imagen del Cristo yacente. Me parece blasfemo verlo con los fusiles, con ese exhibicionismo corporal. Desde la fe es una aberración. Me decía un amigo con tono de sarcasmo: “Sólo falta que le pongan a la imagen de Jesús unas pistolas”. Le dije a continuación: “No des ideas”.

Tú, María Dolores, defiendes unas políticas que chocan frontalmente con los Evangelios, con lo que Jesús vivió, porque sería bueno que todos tuviéramos claro el motivo de la muerte de Jesús y respondiéramos a la pregunta de por qué Jesús murió, por qué fue crucificado.

Él no buscó la muerte, la aceptó por el pueblo porque no quiso huir ni esconderse. Fue capturado, detenido, encerrado en una cárcel, torturado y condenado a muerte por los poderes políticos, económicos, militares y religiosos. Sí, fue un delincuente, un antisistema que se enfrentó a los enriquecidos porque quiso ser Buena Noticia (Evangelio) para los empobrecidos, para dar la libertad a los cautivos y desobedeció las leyes políticas y religiosas para poner en el centro de la historia al ser humano y su dignidad denunciando a los que ostentaban el poder. Por eso la afirmación: “Sabéis que los jefes de los pueblos los tiranizan y que los grandes los oprimen. No será así entre vosotros, el que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor”.

Los poderes económico, político, religioso y militar no aceptaron que una persona abriera el pensamiento y la conciencia de su pueblo para liberarse de los yugos y las cadenas. Sobre todo, cuando Jesús quería que el pueblo fuera protagonista de su propia liberación. Quiso que la sumisión, la resignación y la legitimación se transformaran en libertad, solidaridad, paz, reconciliación, igualdad, fraternidad y amor. Y todo esto desde una actitud de desobediencia social y religiosa.

El sistema reaccionó, y como a tantos otros de la historia –humanistas, agnósticos, ateos, aquellos que han luchado por ese mundo que soñamos– lo asesinó en un juicio sumarísimo. Fueron los defensores del orden social quienes lo mataron.

Mira, María Dolores, Jesús sigue siendo crucificado en los refugiados, esos que vienen huyendo de las guerras y el hambre. Les ponéis alambradas e impedís los rescates humanitarios ¡Ni siquiera habéis acogido a los 17.000 que os comprometisteis! Jesús sigue siendo crucificado en los inmigrantes, esos que encerráis en los CIEs, y presumís con orgullo de las expulsiones. Jesús sigue muriendo en la violencia contra las mujeres y, en cambio, despotricasteis contra las movilizaciones del 8 de marzo. Por cierto, me encantó la postura del arzobispo de Madrid, Carlos Osoro, apoyando esta movilización y diciendo que María iría a las manifestaciones.

Jesús sigue siendo crucificado en los parados, en los trabajadores precarios, en las personas explotadas y oprimidas, en los mayores que no tienen una pensión digna, en los que no tienen ayuda en dependencia que les permita una vida en calidad, en las familias desahuciadas, en los que mueren por causa de cualquier tipo de violencia, en los que son despedidos de sus puestos de trabajo por pedir sus derechos….

Sé que es muy fácil comprar la voluntad y el silencio de obispos y sacerdotes: por eso el silencio ante estos contrasentidos, ya que sólo hace falta dinero y el cobijo del poder. El Cardenal Rouco Valera os lo puso fácil.

Pero tienes que saber que gestos como el de ondear la bandera a media asta en los cuarteles militares (te vuelvo a recordar la incompatibilidad entre la fe y lo militar, y, de paso, se lo recuerdo a los curas castrenses que bendicen armas y tropas para matar) sólo sirve para aumentar la hipocresía y el cinismo. Esa hipocresía y cinismo que se extiende a los que defendéis la política al servicio de los poderosos y que ellos os pagan a cambio con puestos en grandes multinacionales o negocios. No te quiero decir nada de lo incompatible que es con la corrupción.

Te pido un favor: no vuelvas tú o quien te sustituya a mandar una circular pidiendo un luto que es despreciativo para Jesús, porque el luto se encuentra en los que se ahogan en el Mediterráneo o están sepultados bajos los escombros por las bombas o muertos por armas que tu Gobierno vende, entre otros. No lo vuelvas a hacer por honestidad. ¿Os queda algo de honestidad? Confío en que algún día se recupere la honestidad y el servicio a la ciudadanía desde la perspectiva de los Derechos Humanos.

Sorgente: Carta abierta de un cura a la ministra Cospedal sobre banderas a media asta

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