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Referéndum Cataluña 1-O El encierro en los colegios, desde dentro: “Si se votara normal, no ganaría el ‘sí'” – elmundo.es

foto – Encierro en el Instituto Miquel Tarradell de Barcelona, el viernes por la noche. JAVIER BARBANCHO

elmundo.es –  Referéndum Cataluña 1-O El encierro en los colegios, desde dentro: “Si se votara normal, no ganaría el ‘sí'” – ANA MARÍA ORTIZ, Barcelona

Bueno, cariño, voy mañana a casa para ir a la pelu.

Te preparo el desayuno, ¿o te quedas aquí?

No, voy a casa, a casa.

Ana, médico psiquiatra de 56 años, se está despidiendo de su marido, Antonio. Ella se queda en la vigilia del centro de educación secundaria Miquel Tarradell, y él, que la ha estado acompañando un rato, se marcha pasadas las once de la noche. El hijo de ambos está durmiendo en otro colegio, aunque a todos les han convocado a votar en este, pero en aquel hacía falta gente.

La madre y el hijo son partidarios de la independencia; el marido, no. “Si toda la gente fuera como mi marido… que no es independentista pero me respeta y acompaña. Aunque a lo mejor esta vez vota que sí, porque está hasta las…”.

En el hall de la primera planta del colegio, antesala de las oficinas -despacho del director, secretaría, jefatura de estudios…- se han acomodado los okupas de mayor edad: una pareja de jubilados; Silvia, que tiene 52 años y trabaja en el terreno de la docencia; Joan, diseñador de 54 años, y un puñado más de personas que prefieren no revelar datos sobre su identidad.

El pasillo que conduce a las aulas lo han tomado los más jóvenes, un grupo de estudiantes que estaban acampados en la Universidad Autónoma de Barcelona y que han venido “porque han pedido ayuda”. Se entretienen con las cartas, en concreto juegan al culo, también llamado comemierda o capitalista, según explican.

Hay mantas en el suelo, esterillas, cojines, botes de Cacaolat. El rostro de Dalí, compuesto con diminutas operaciones aritméticas, los observa desde el enorme mural del fondo. No quieren mucho roce con la prensa.

El centro Miquel Tarradell había estado por la tarde en el foco de los medios de comunicación, porque pasadas las 20.30, su hora de cierre, cuatro Mossos hicieron acto de presencia, se reunieron unos minutos con el director en su despacho y, tras la charla, agentes y director abandonaron el edificio y tiraron cada uno por su lado.

Nos desvelan cómo se ha gestado la toma del centro

Lo cuentan Joan, el diseñador gráfico, y Ana, la médico psiquiatra, quienes se han visto las caras por primera vez a las cuatro de la tarde. Salvo los estudiantes, ninguno de los presentes -unas veinte personas- se conocían. Joan y Ana, vecinos del barrio, llegaron a la misma hora a la puerta y pidieron hablar con el director, “a ver si tenía algo previsto”.

“Ayer -por el jueves- me registré en la web de Escoles Obertes [el movimiento que ha animado a abrir las escuelas el fin de semana]. Hice la inscripción y como no se movía nada esta mediodía me he venido a ver qué pasaba”, cuenta Ana. “El director dudaba”, continúa Joan. “En principio dijo que iba a cerrar, pero a las siete de la tarde había aquí ya 100 personas“.

No tienen llaves del centro, por tanto, y han pensado en bloquear la puerta con un banco cuando llegue la hora de irse a dormir. Andan también buscando cómo apagar las luces y preguntando si no saltará alguna alarma. Todo parece improvisado.

Gusta mucho la metáfora del matrimonio para explicar por qué van a dormir esta noche en una esterilla sobre el suelo. La utiliza primero Ana. “Si a mí me reconocen que soy de una nación, con mi idioma y con capacidad para decidir en Sanidad, en Educación, en Justicia… no necesitaría la independencia, no necesitaría que se me reconociera nada más.

Es como un matrimonio, que tú estás con alguien porque te reconoce toda tú. Si voy a estar con alguien que me dice ‘no puedes hacer tal cosa, y tal otra tampoco’… A mí ese matrimonio no me interesa. Y a pesar de que estoy hoy aquí, no estoy de acuerdo en cómo se han hecho las cosas. A mí no me ha gustado lo que pasó en el Parlamento catalán, no creo que sea la mejor manera”.

Vuelve Joan unos minutos después a recurrir al matrimonio como metáfora, en el que él introduce la violencia de género.

Cuando tú eres una mujer y tu marido te da, y te da, y te da.. llega un día que coges y te marchas.

¿Cataluña es la mujer?

Sí, porque físicamente la mujer es más débil y Cataluña es la más pequeñita.

Joan dice que nunca había tenido una estelada hasta que el pasado 20 de septiembre, “cuando la Guardia Civil entró en la Generalitat”, compró una.

Mientras ellos debaten sobre su tormentosa relación con España, al Miquel Tarradell ha entrado Joan. Las puertas aún están abiertas para quien quiera cruzarlas y los más jóvenes salen a fumar, alguno envuelto en un edredón, mientras en la terraza del vietnamita de enfrente y otros restaurantes de la calle la gente cena tranquilamente, sin aparente interés por lo que sucede en el colegio.

Joan es camarero, tiene 41 años, participa en el movimiento vecinal del barrio y viene haciendo una visita a los centros de votación para ver cómo va todo. “Todos los de El Raval están controlados por la gente”, dice. “Esto es una cosa muy de la gente, que entra en contradicción con la realidad mediática y hace lo que le da la gana, y eso es libertario y muy bonito”.

Decíamos antes que Joan acaba de comprar su primera estelada y Ana asegura que ella no tiene ninguna. Explica que su deriva al independentismo es reciente, que hace nada era votante del PSC. “A partir de que el Estatuto fue llevado al Constitucional y de los diversos movimientos y actitudes del Gobierno, progresivamente he ido virando hacia una postura más independentista.

En el 9N voté SI/NO, que quiere decir “sí, Cataluña es una nación, y no, no tiene por qué ser independiente”. Joan, sin embargo, tiene el independentismo arraigado hace tiempo.

Trapero ordena no usar la fuerza

En lo que parecen estar de acuerdo es que el 1-O, de celebrarse, será papel mojado. “Votaré hasta que sea la definitiva, la válida, porque esta no será válida“, dice Ana. “Y si sale que ‘no’, me aguantaré, qué le voy a hacer. Porque los que nos movilizamos somos un cuarenta y algo por ciento; si se votara normal, no ganaría el ‘sí’“.

A la una de la madrugada acuerdan prepararse para dormir, cierran la puerta y se oye el sonido de un banco que se arrastra. En la acera, fuera, el diputado del Congreso Marcelo Expósito, de En Comú Podem, charla con unos amigos. Vive en el barrio, el Miquel Tarradell es su colegio electoral y se ha acercado a ver cómo estaba el ambiente. “La gente está muy tranquila”, dice.

 

Sorgente: ELMUNDO

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