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Urbano Cairo, un magnate demasiado vestido | ctxt.es

El editor, nuevo dueño de RCS y Unidad Editorial, aprendió de su mentor, Berlusconi, la visión de la información como un ‘holding’ y la necesidad de mostrarse creíble mediante la imagen

La concepción griega de la historia es circular, y dado que la naturaleza humana es inmutable, todo acontecimiento está destinado a repetirse en sus líneas esenciales. Una visión circular de los acontecimientos que parece repetirse en diferentes ámbitos, desde el avance irrefrenable de los populismos que retrotrae a Europa al clima sombrío que se respiraba en los años treinta, hasta la construcción de nuevos muros fronterizos que propone las alambradas como único instrumento –más útil que la inteligencia de los hombres– para garantizar la integridad de nuestra identidad.

Es probable que esa circularidad de los acontecimientos guíe incluso, en otro plano, la historia de la industria editorial italiana. La vida empresarial de Silvio Berlusconi, casi cuarenta años después de su inicio en el mundo de la televisión y en el del papel impreso, parece regenerarse bajo otra piel, la del piamontés Urbano Cairo (59 años), hombre de éxito y que no por mera casualidad se formó en el grupo Fininvest del exprimer ministro y fue su secretario personal durante largos años.

Debe de haber aprendido mucho Urbano Cairo de su maestro: la idea de que la publicidad es el verdadero motor de la industria editorial, la visión de la información como un holding, la necesidad de mostrarse creíbles, sobre todo, mediante la imagen. Una cierta imagen, con el puño de la camisa que, ineludiblemente, tiene que sobresalir de la manga de la chaqueta –como le gustaba repetir en público a sus colaboradores el ex Cavaliere–, un rasgo distintivo más fuerte que el pensamiento.

“Demasiado vestido” era el juicio mordaz de Giorgio Armani cuando Berlusconi se mostraba embutido en su traje cruzado azul, y también se muestra “muy vestido” su discípulo Cairo, con esa expresión perspicaz que atenúa la seriedad del blazer llevado como un uniforme.

El editor, discípulo de la Universidad Luigi Bocconi, ha vivido un verano palpitante; convertido en accionista mayoritario de RCS MediaGroup con la ayuda de los bancos (Intesa – San Paolo), en su tiempo acreedores, ha derrotado a la oferta de Bonomi, sostenida por un grupo empresarial de primerísimo orden (el poderoso grupo Mediobanca, las multinacionales Pirelli y Della Valle, líder de la industria del calzado con marcas como Hogan y Tod’s), ratificando la prevalencia de su OPA con 124 millones de acciones conseguidas, equivalente al 48% del capital.

De esta forma el Corriere Della Sera, el diario italiano más importante y eterno competidor de La Repubblica de Carlo De Benedetti, así como Unidad Editorial, el grupo español que edita El Mundo y Marca, se encuentran con un nuevo dueño que tendrá que demostrar pronto sus dotes empresariales para nivelar una deuda de más de 400 millones.

Cualidades ya demostradas en el relanzamiento del canal televisivo La7, el tercer polo de la televisión privada, y en la prudente gestión de la Cairo Communication, un coloso capaz de generar más de 250 millones anuales de facturación.

A Cairo le preocupan tanto las cuentas como la imagen, y no puede ser de otra forma si se ha nacido bajo el ala protectora del ex Cavaliere, una persona que antepone la apariencia patinada a la sustancia del ser, un substrato cultural que produjo una profunda turbación en el ánimo del editor cuando, durante su reciente visita a la redacción de El Mundo, tuvo que ver cómo los periodistas afrontaban la canícula en camiseta o mangas de camisa.

Más difícil es encontrar en la web el pensamiento de Cairo: el editor tiene que permanecer en la sombra, es el director el que dicta la línea editorial de un periódico, una cierta independencia de los partidos… Estos son los únicos conceptos que se repiten con insistencia, casi de memoria, como si fueran su mantra tibetano. Conceptos claros, repetidos puntualmente cada vez que un nuevo grupo toma el control de una cabecera periodística.

Cairo antepone a las palabras la fuerza de las operaciones comerciales. La Cairo Communication, se lee a pie de página en todos los comunicados de prensa del grupo, “es uno de los grupos líderes en el sector de la edición de semanales, en el televisivo y en el de la publicidad”, en donde ha sido uno de los primeros en desarrollar una propuesta de venta multimedia a partir de la prensa periódica, hasta llegar a la televisión comercial, digital y de pago, y a Internet.

En Italia, si te interesan los viajes, las antigüedades, los catálogos de arte, la salud, la cocina, la jardinería, si te apasionan las lecturas sobre el hombre activo y evolucionado, sobre cómo vivir de forma natural, si buscas el último cotilleo, encuentras en el quiosco la revista adecuada firmada Cairo, revista de éxito por la publicidad conseguida y, sobre todo, por su tirada.

Una única mano poderosa que aprieta con fuerza para guiar nuestra vida en la industria de la información. Oligopolio que en Italia tiene el sabor del déjà vu, pero sin riesgos para la democracia, sin el peligro de crear nuevas zonas oscuras. Según asegura la Autoridad que garantiza la pluralidad en las comunicaciones, la última adquisición, el control del grupo RCS por parte de Cairo, “no determina la constitución o el reforzamiento de una posición dominante que pueda eliminar o reducir de forma sustancial la competencia en el panorama nacional”. La Autoridad Antimonopolio sostiene que “existen grupos cualificados que compiten entre sí como Mondadori, L’Espresso e Il Sole 24 Ore que también presentan análogas características por lo que se refiere a la variedad de la oferta multimedia y que representan un eficaz vehículo de competencia”.

La competencia ayuda a la formación de una opinión plural, por lo que los contrapesos de Berlusconi y de De Benedetti están llamados a sustentar la democracia italiana, con sus concentraciones, con los discutidos conflictos de interés, con el conformismo de la información a beneficio del poderoso de turno.

Mientras tanto, Cairo demuestra tener siempre una mirada previsora, esa capacidad de previsión heredada del maestro con el que colaboraba en la época de Fininvest: compra, controla con atención los balances y diversifica. En un primer momento el grupo se acercó al mundo del fútbol gestionando la publicidad estática en el Estadio Olímpico de Roma a cuenta de los dos equipos de la capital, más tarde terminó por adquirir la propiedad del Torino Football Club.

Como el último déjà vu que ha vuelto a proponer en estas semanas: el interés por la industria editorial española, con El Mundo y el Marca incluidos en la órbita de Cairo, como lo fue Telecinco para Berlusconi.

Ya se trate de Italia o de España, Cairo ha resuelto las dudas: si para cada pregunta tiene una respuesta, ya nos ha convencido de que nos está informando.

 

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