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“Tenemos un proyecto de país y el PSOE no, salvo el de ser subalterno del PP”

Garzón defiende que Unidos Podemos evolucione hacia un “sujeto político” de momento indefinido: “Uno puede deducir de las palabras de Pablo Iglesias, de sus discursos y de su práctica, que está de acuerdo también en el objetivo”

“Quiero que la gente sepa que Unidos Podemos es el instrumento para mejorar su vida cotidiana sin esperar cuatro años”

Ante el Congreso del PCE: “Podemos cometer un error: el cambio de discursos sin cambios de caras o el cambio de caras sin cambios de discurso”

Alberto Garzón (Logroño, 1985) fue el artífice de que Izquierda Unida sobreviviera al tsunami de Podemos el 20D y, seis meses después, de la firma de un acuerdo electoral con el partido de Pablo Iglesias para el 26J. El coordinador federal de IU y diputado de Unidos Podemos defiende que ese espacio de confluencia debe crecer y convertirse en un sujeto propio –”creo que uno puede deducir de las palabras de Pablo Iglesias, de sus discursos y de su práctica, que está de acuerdo también en el objetivo”–, y apuesta con la presencia de la organización allá donde “sufre la gente” para conectar con el votante al que quieren representar.

Ese análisis, el de adaptar la organización política a las necesidades de un cuerpo electoral cambiante –”con la gente que está en la calle sufriendo esas consecuencias”–, entiende que es fundamental para frenar discursos de extrema derecha crecientes en Europa: “Yo quiero que la gente sepa que Unidos Podemos es el instrumento para mejorar su vida cotidiana sin esperar cuatro años”.

Esa adaptación a la realidad, según Garzón, también ha de llegar al PCE, partido integrado en IU en el que milita: “Es normal que en todos los partidos cambien las caras con el tiempo, pero lo más importante es el proyecto. Porque, si no, podemos cometer un error: el cambio de discursos sin cambios de caras o el cambio de caras sin cambios de discurso. Cualquiera de las dos sería un fracaso, tendrían que ir las dos acompañadas, fundamentalmente por coherencia”.

Este fin de semana hablaba del “monstruo” de Donald Trump, ¿cómo cree que ha surgido?

Ha ganado mucho peso entre los perdedores de la globalización, los sectores que son víctimas de los procesos de desregulación financiera y productiva a lo largo de las últimas décadas, que han sufrido la desindustrialización y todas las consecuencias de la fase histórica del capitalismo actual. Han optado en busca de protección por un discurso xenófobo, racista, pero que les protege en lo económico. Estos son los ingredientes transversales al crecimiento de la extrema derecha en la actualidad pero ya se dio en los años 30 del siglo pasado. Una vez diagnosticamos eso, es evidente que la materia política está en cómo conseguimos que esa canalización se haga por la izquierda, en torno a labores y principios de libertad, igualdad y fraternidad en vez de por la extrema derecha. Esa es la verdadera batalla política.

¿Y cómo se hace?

Con estar presente como organizaciones políticas en el conflicto. Explicar a la gente que las causas de sus problemas no están en la inmigración sino en el propio sistema económico y por lo tanto las soluciones son distintas a las que propone la xenofobia de la extrema derecha. Tenemos que estar en los barrios, en el tejido social y en los espacios laborales. Esa es la vacuna real que existe.

¿Un discurso populista de izquierdas no ayudaría a derrotar a un discurso populista de derechas?

Se habla mucho de populismo sin definirlo. Es un problema socrático porque si no defines bien las cosas no estás hablando de lo mismo. No creo que nos estemos refiriendo a lo mismo cuando hablamos de populismo si escuchamos a Esperanza Aguirre, a Íñigo Errejón, a Pablo Iglesias o a mí. Podemos desistir de definir el populismo e insistir más en lo positivo, en cómo se puede evitar que un proceso de extrema derecha pueda canalizar la frustración de una gran parte de la sociedad.

Esto tiene mucho que ver con una clase trabajadora que ha quedado fuera de los ganadores de la globalización. Ese es el sector fundamental que está decantando la balanza a favor de la extrema derecha en Europa, de procesos como el Brexit y a favor de Donald Trump. La solución no es tanto una pelea discursiva, centrar en la utilización de unas palabras en lugar de otras, sino más bien en vivir lo que vive la gente que sufre la globalización y que sufre la dinámica del capitalismo.

Yo siempre pongo el ejemplo de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH). Si en vez de ser una organización cuyos principios podemos identificar con la izquierda, hubiera sido una organización cuyos principios se identificaran con la extrema derecha, en este país tendríamos ya un germen muy importante de extrema derecha. La vacuna es una organización que sea capaz desde el conflicto de transformar la rabia y la frustración de la gente en un compromiso político, que tiene unos contornos ideológicos de izquierdas y no de derechas, porque en esa praxis así se ha discutido y se ha combatido.

Creo que esa es la clave más allá de que cuando llegas al conflicto adaptas tu discurso a las circunstancias concretas de esa praxis. No llegas a un desahucio y hablas de la plusvalía absoluta o la plusvalía relativa, conceptos del marxismo académico, porque no son útiles. Llegas con otro discurso. Pero lo esencial es estar en el conflicto porque es donde se genera la subjetividad de la gente.

Sorgente: “Tenemos un proyecto de país y el PSOE no, salvo el de ser subalterno del PP”

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