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La misión del presidente Donald Trump: unificar los Estados Desunidos de América  – elmundo.es

American students react as they take part in a protest outside the UN climate talks during the COP22 international climate conference in Marrakesh in reaction to Donald Trump's victory in the US presidential election, on November 9, 2016. Stunned participants at UN climate talks in Marrakesh insisted that climate change denier Donald Trump cannot derail the global shift to clean energy, although some called his victory in US presidential elections a "disaster". / AFP PHOTO / FADEL SENNA

Foto: Fadel Senna (AFP) | Vídeo: EL MUNDO

elmundo.es – La misiòn del presidente Donald Trump: unificar los Estados Desunidos de Amèrica  – Irene Hdez. Velsco
video – Trump insiste en su discurso en la importancia de trabajar para unir el país

Se jacta de ser un “presidente hecho a sí mismo”, un tipo ajeno al sistema, que no viene ni del ejército ni de la política (los dos campos de los que hasta ahora habían salido todos y cada uno de los anteriores 44 presidentes estadounidenses) y que en sólo 11 meses ha sido capaz de poner patas arriba la política del país y de humillar a su establishment. Aunque casi nadie daba un centavo por él, ha sido capaz de ganar las elecciones y por goleada, metiéndose en el bolsillo estados del Midwest que se consideraban fortines demócratas gracias sobre todo a su capacidad de canalizar el gran descontento de los estadounidenses. Pero, ¿y ahora qué?Trump no tiene un verdadero programa político, al menos no en el sentido tradicional del término. Lo que ha hecho durante la campaña es una serie de proclamas de todo tipo, ideológicamente transversales, que van desde las proclamas antiglobalización al capitalismo puro y duro. Configuran una extraña amalgama que incluye, entre otras muchas, la promesa de expulsar en los próximos dos años a 11 millones de inmigrantes ilegales, la renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (NAFTA), el fin de las restricciones que en nombre del medio ambiente se han impuesto en EEUU a la producción de energías de origen mineral (léase petróleo), la cancelación de las millonarias contribuciones a la ONU para luchar contra el cambio climático ( “un mito”, según su propia definición), la construcción de un muro en la frontera con México o su compromiso de impedir a los musulmanes la entrada en el país.

Pero sin duda la misión más importante que Trump tiene por delante, y lo sabe, es reunificar a Estados Unidos, un país que con su inestimable colaboración en los últimos meses se ha convertido en una especie de Estados Des-Unidos. “Seré el presidente de todos los americanos”, prometía, de hecho, en un tono sorprendentemente conciliador, en su primer discurso tras conocerse su victoria.

Trump ha sido elegido presidente con el voto fundamentalmente de los hombres blancos de clase media y baja, y tiene en contra a muchos hispanos, negros y mujeres. Y no sólo eso. Muchos de quienes le han aupado hasta el número 1600 de la Avenida Pensilvania de Washington no le han votado tanto porque compartan su dispar programa como por el gusto de darle una patada en el estómago al sistema.

Además, Trump no ha ganado en la costa este ni en la costa oeste del país, que son las que llevan las riendas políticas y económicas de Estados Unidos. Porque, para la mayoría de los estadounidenses las dos Carolinas, Georgia y Florida son percibidas como estados del sur, a pesar de asomarse al océano Atlántico.

Trump aseguró durante la campaña electoral que, si ganaba, trabajaría a marchas forzadas desde el primer día para cambiar el país en sus primeros 100 días como inquilino de la Casa Blanca. “Los cambios comenzarán desde el primer día“, aseguraba el candidato republicano, que ha prometido “devolver a América su grandeza” con un programa que permita sobre todo relanzar la marchita economía nacional con un crecimiento anual del 4% y crear 25 millones de puestos de trabajo en diez años, a través sobre todo de una reducción de impuestos. Y, por si fuera poco, también ha prometido declararle la guerra a la corrupción de Washington, limitando por ejemplo el número de mandatos que pueden cumplir los senadores y los congresistas, congelando las contrataciones de funcionarios del Gobierno federal y prohibiendo durante cinco años a los empleados de la Casa Blanca (tanto a los contratados como a los elegidos a través de las urnas) hacer lobby.

El problema no es sólo que sean demasiadas promesas y absolutamente heterogéneas. El principal obstáculo es que Trump, que además de tener que llevar las riendas de un Gobierno, va a ser comandante en jefe del ejército más poderoso del mundo (con acceso al botón de la bomba atómica), no tiene la más mínima experiencia. Y más aún: a pesar de que los republicanos han ganado también control el Senado y del Congreso, dentro de sus propias filas hay muchos que consideran muchas de sus propuestas un auténtico disparate.

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Sorgente: ELMUNDO

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